jueves, 23 de noviembre de 2023

Tesis 3 16 tesis de Economía Politica. Introduccion. La espiral económica equivalencial. Valor de cambio, mercado y dinero

 

Tesis 3

La espiral económica equivalencial. Valor de cambio, mercado y dinero

[3.1]     Relación práctica o social: «ser humano-ser humano»

[3.1.1]  Debemos distinguir claramente la relación productiva  de la relación práctica o social que se establece entre dos seres humanos. Los griegos la denominaron praxis que, aunque puede usarse para significar sim­plemente «acto», tiene principalmente el significado de acto diri­gido a otro ser humano. 

Ese «cara-a-cara» (que los semitas deno­minaron en hebreo paním el paním) indica empíricamente esta relación Entre los vivientes sólo los mamíferos tienen una sensi­bilidad específica en su piel, muy especialmente en sus regiones crógenas, sexuales, o en los labios de la boca, siendo una eroticidad específica, emotiva, de profunda repercusión subjetiva. Las rela­ciones de odio o amor, de fraternidad o dominación, de alegría o tristeza por el bien, por ejemplo, son reguladas por el sistema límbico cerebral. La sensación de felicidad que emana del con­tacto, de la presencia, de la compañía del otro ser humano es inenarrable y significa el cumplimiento final de la existencia. Se trata de una relación práctica, social.

[3.12]                   La relación del sujeto ante otro sujeto (SI-S2) puede ser al menos de tres tipos. La primera relación es la de género, mujer-varón, erótica, sexual, de pareja. Es el origen de todas las demás relaciones y constituye el primer tipo de comunidad posi­ble: la familia, organizadas de las más diversas maneras. Ellas forman clanes, que son grupos de familias estructurados con un mayor tipo de complejidad.' La relación de género, como la re­lación racial, no se estructura en campos, sino que es una deter­minación propia de los sujetos en cuanto tales (como la edad, raza, sexo, etc.).

[3.13} La segunda relación práctica posible es la de la pareja y su prole. Se trata de la relación práctico-pedagógica. Una genera­ción transmite a la siguiente el ser (genéticamente), el aprendizaje o la cultura de la comunidad a las nuevas generaciones. En los clanes primitivos, siendo las funciones sociales no tan comple­jas, dicho aprendizaje era asumido indiferenciadamente por to­dos sus miembros. Al desarrollarse la complejidad histórica apa­recieron especializaciones de miembros con la responsabilidad educativa. Se trata de un segundo tipo de relación práctica.[1]

[3.14]                 La tercera relación práctica es la que se establece en una comunidad de iguales, en la expresión metafórica de herma­no-hermana, cuya manifestación prototípica son las relaciones po­lítica o la económica, habiendo muchas otras posibles.[2] Como ve­remos más adelante en la significación de campo [5.4], cada una de estas relaciones abre, además, el horizonte a totalidades o sis­temas prácticos de los que nos estamos ocupando. 


Así el campo político y sus sistemas correspondientes han sido objeto por mi parte de una larga descripción.[3] Ahora nos abrimos en cambio al ámbito económico.


[3.1.5]    A diferencia de las relaciones prácticas o sociales eró­tica, pedagógica o política que pueden ser inmediatas (sin nece­saria mediación de objetos físico-naturales), la relación prácti­ca económica está determinada por la mediación material del producto (P), efecto del trabajo de un ser humano (el produc­tor) (SI) y objeto de la necesidad de otro ser humano en rela­ción práctica (S2). La relación práctica, entonces, deviene ob­jetivamente real por el tipo de mediación que involucra a la naturaleza transformada por el trabajo y ligada a la produc­ción, reproducción y crecimiento de la vida humana de la co­munidad de los agentes.

[3.2]     Relación práctico-productiva o económica: «serhumano-producto-ser humano»


[3.2.1]                 Esta relación económica, práctica comunitaria y pro­ductiva de los satisfactores necesarios para la vida se establece ya en los clanes, tribus o pequeñas aldeas del Paleolítico. Son sistemas equivalenciales donde los miembros de la comunidad económica se atribuyen los beneficios de la producción y el inter­cambio en igual distribución y participación. No hay todavía po­sibilidades mayores de diferencias en la apropiación de los satisfactores, de los bienes, y el sistema funciona con una justicia que quedará posteriormente en la memoria de las culturas como una utopía originaria. Las tribus nómades de las estepas o los desiertos (simbolizado en la figura de Abel en los pueblos semitas, por ejemplo), aún comenzado el Neolítico y ante las grandes ciu­dades (metafóricamente Caín) ya estratificadas económicamente, levantarán la igualdad del sistema equivalencial del «desierto», tiempo de la justicia sin pobres ni ricos, como el punto de referen­cia de las injusticias presentes.

[3.2.2]                 La compleja estructura económica es el efecto de cruzar los dos tipos de relaciones brevemente descritas con anteriori­dad, la relación productiva y la práctica social, uno material[4]otro formal[5] práctico o social (SI-P-S2) representada esquemáti­camente de la siguiente manera:


Esquema 3.01. Complejidad de la estructura relaciona! económica


grafica===

 Aclaraciones al esquema 3.01. Flecha a. relación práctica o social; flechas b a d: producción (empresa, relación productiva); flechas e a f. mercado o circulación; d: pone el ptoducto en el mercado; e: se intercambia la mercancía por otra mercancía o por dinero;/ se compra la mercancía, se la apropia y se les consume.

|3.2.3) Por otra parte, esta relación práctico-económica entre los agentes {flecha a) fue igualitaria al comienzo de la historia, sin opresión de un miembro sobre otro, pero, como veremos poste­riormente, no se conservó al evolucionar los sistemas económicos. Será necesario observar cuidadosamente esta relación social en la que K. Marx estriba una parte central de su crítica al capitalismo.

[3.2.o4]   La primera relación analógica práctico-productiva, cuasi- económica, en su límite y como una experiencia utópica origina­ria, es la que se establece entre la madre y la prole en el acto mismo de dar de mamar el alimento al recién nacido. La leche de la madre, ese bien consumible, que es una secreción de las glándulas mamarias como en todos los mamíferos, es como un producto metafórico (P) de la propia corporalidad materna, que dona gratuitamente a su prole, con amor desinteresado y sin re­torno, al nuevo Otro que ha procreado con exterioridad o auto­nomía, estableciendo una analógica relación práctico-producti­va, es decir, cuasi-económica. Es como la económica arqueoló­gica y escatológica, primera e imagen de la última. El niño sin haber trabajado, ni comprado, ni sufrido, alcanza la satisfacción del consumo, de la protección, del placer del calor, de la suavi­dad de la piel materna que lo acoge y alimenta. El mejor sistema económico futuro será como un recuerdo subjetivo de ese acto originario. S. Freud lo supo muy bien y se dedicó a mostrar su significación histórica y económica. El enfermo mental, el que sufre la injusticia social, empíricamente intenta frecuentemente retornar al útero materno (hasta adopta una postura fetal), ante­rior aún al mamar, para volver a encontrar la satisfacción del consumo pleno sin el sufrimiento del trabajo, de la acción, del enfrentar a un mundo que se le ha tornado hostil.

[3.25]                  El ser humano originariamente y por tendencia genética no sólo no es narcisista ni egoísta, sino que se encuentra en una posición de apertura al Otro, como respuesta también originaria de ser en su mismo ser el efecto de un acto desinteresado de donación. Los aztecas nombraban al ser humano como el deudor (macehual). Deudor ante los dioses por el don gratuito de la vida. A la madre se la venera por el mismo motivo: es la donadora gratuita de la vida; donación absoluta que no puede pagarse nunca, porque el hijo no puede donar nunca la vida a la madre como retribución. Además, el don es anterior a la justicia porque no reclama pago alguno. La justicia es un dar a cada uno lo que merece. El don da al Otro algo antes que pueda merecer, o aun lo que no merece. Lo gratis, anterior a toda económica venta o compra, es su horizonte esencial, fundamental. Porque la gratuidad es la esencia del don: entrega algo sin esperar retribución. Es la economía perfecta, originaria y utópica por excelencia.

[3.26]                  Como hemos ya indicado, se establece así una relación económica de reciprocidad, como entre los Tupi-guaraníes amazónicos que los franciscanos y jesnitas desde el siglo XVII hasta el año 1767, respetando sus costumbres económicas, orga­nizaron en el Paraguay y en otras regiones de América Latina en las famosas Reducciones, comunidades que todo lo poseían en común, estrictamente comunistas, disueltas por la Ilustración bur­guesa de los Borbones en el siglo XVIII. Estas experiencias fue­ron los antecedentes directos de la Revolución de los iguales en Francia (1794), del bon sauvage de Rousseau, y del Socialismo utópico, primer capítulo no escrito todavía de la historia del Socialismo moderno europeo. Era una economía de la recipro­cidad: un miembro de la comunidad otorgaba al Otro un don gratis; el que recibía el don y lo aceptaba era objeto de una donación gratuita, pero sabiendo que el que dona cumple con un deber y se libera de la deuda para con los dioses donadores de la vida, y por ello es un ser superior y libre de la deuda (ya no es deudor). Mientras que el que recibe el don no se siente primera­mente beneficiado, sino que signado con una doble deuda (para con los dioses y con respecto al otro miembro de la comunidad), es decir, aumenta su deuda al recibir el don. Se siente más débil, menor, inferior. Es así mejor donar que recibir.[6]

6 .Los guaraníes invitaron a los españoles cuando llegaron al Paraguay a comer y festejaren las celebraciones de la cosecha. Los españoles admirados aceptaron, festeja­ron y comieron. No sabían que al recibir el don se había igualmente comprometido aentrar en una economía de la reciprocidad. Cuando en el año siguiente los invitaron a los trabajos del campo para alcanzar una nueva cosecha, los españoles se negaron y los indígenas quedaron escanda!izados de la inmoralidad de los conquistadores. La ética moderna de la economía del intercambio monetario mercantil capitalista (de la oferta, la demanda, del comprar y el vender) no podía comprender a la economía de reciprocidad.


[3.27]    Esto es lo que intentan mostrar algunos autores, cuando uno de ellos escribe:


«En las donaciones los sujetos de relación son personas [...] cuyos objetivos y motivaciones importan al Otro, que se reconocen recíprocamente como donante y beneficiario de los bienes econó­micos, y éstos se presentan en su materialidad concreta y particular como valor de uso, bienes cualificados por su utilidad (no cuantificados por su precio) [... Nos interesa aquí analizar el tema] con el sólo propósito de mostrar el camino por el cual es posible superar la subordinación del concepto de donación respecto de la teoría de los intercambios».'

En este caso, sin embargo, se parte de la donación como una figura jurídica desde el marco del derecho que incluye como refe­rencia la propiedad. Habría más bien que partir del don o el ser­vicio como la acción productiva de un miembro de la comunidad que no puede menos que participar en ella porque lo debe todo (su mismo ser y todos sus bienes y los del universo donde vive) y porque tiene conciencia plena que la sobrevivencia de cada miem­bro es fruto de la mutua responsabilidad compartida. Estamos antes (en la historia) de la posterior individualidad posesora y excluyente propia de la propiedad privada, de los sistemas eco­nómicos no-equivalenciales.

[3.28]    Sin embargo, las exigencias ambiguas del desarrollo civilizatorio llevó a establecer una relación de intercambio de apropiación de los productos producidos por productores, en el sentido de transformarse cada productor —que al mismo tiempo está necesitado del producto del Otro, para el consumo propio— producto de un Otro también necesitado del producto del primero para su consumo. Ese intercambio de mutua relación de apropia­ción no pudo ser ya la simple donación, sino la venta (no necesa­riamente por dinero en el trueque al comienzo) y la compra (aun­que en el mismo trueque) del producto transformado en mercan­cía, en el acto mismo del intercambio.

[3.3]     La tercera determinación del valor y el valor de cambio

[3.31]                   El producto del trabajo humano, puesto en la realidad objetiva como un satisfactor antes inexistente, cuando se lo intercambia por el producto del trabajo de otro ser humano ad­quiere, en la misma relación en acto, la cualidad de ser un «valor de cambio»(«de cambio» como genitivo objetivo: para-el-Otro). Ese valor de cambio puede ser una mera posibilidad cuando el producto es producido para el consumo; pero es intentado como finalidad principal cuando es producido para el intercambio y no solamente para ser consumido. En el acto mismo del intercambio de las mercancías en el mercado, el productor que pone a la cosa producida en relación con otra cosa producida (flecha e del Es­quema 3.01), la constituye como portadora del valoree cambio.

[3.32]                   Ya Aristóteles lo había descrito en su Política. Un zapa­to producido por el trabajador para ser usado por él mismo tiene valor de uso (para su necesidad). Pero el zapato producido por el zapatero que se ocupa por oficio sólo de fabricar zapatos (en el ergastérion griego, por ejemplo) lo produce con la intención fenomenológica que denominaremos ekonómisis (el constituir intencionalmente al producto como medio para el intercambio, sea dentro del clan mismo, entre las tribus, o en una ciudad que ya tiene mercado: el tianguis de los aztecas). El valor de cambio será un extremo o momento que pone la relación que sitúa al pro­ducto dentro del campo económico, adquiriendo la cosa su senti­do de objeto económico: el ekonómata. Ahora nos enfrentamos por primera vez a una intención económica propiamente dicha: la producción de un bien como mercancía para el Otro miembro de la comunidad participante del mercado (mercado que es una insti­tución, y de ninguna manera una relación natural o previa a un hipotético primer contrato; contrato no explícitamente necesario en el tiempo).[7]

[333] La mercancía entonces es el producto fabricado como intercambiable y puesto en el mercado. En un primer momento, el producto es producido en el hogar (o en el lugar de trabajo) por el trabajador. En un segundo momento, el producto es puesto en el mercado (el lugar determina el devenir dialéctico de la cate­goría de producto intercambiable en mercancía en acto) y se transforma así de mero producto en mercancía a disposición del Otro en el mercado, o de los otros, para ser intercambiado por otros productos (en el trueque) o por dinero (en la venta), trans­formada en mercancía que se intercambia por su valor de cam­bio. El valor de cambio es una determinación cuantitativa del valor (el valor de uso es en cambio una determinación cualitati­va o material[8]) de la cosa. La cosa real producida es ahora una mercancía o ente económico; será medida formal o económica­mente por ese su valor de cambio.

[3.34]   Antes del intercambio el producto (en cuanto producto) tenía ya valor (recuérdese lo dicho en 2.3). Ese valor es ahora el fundamento de la aparición como su fenómeno del valor de cam­bio. El valor de cambio es la posición relacional del producto (y del valor como tal) que siendo ahora mercancía se relaciona con otra mercancía. La primera tiene ahora valor de cambio, que es el mero valor en «relación-a» (valor como valor de cambio). Pero, además, ahora se constituye una nueva determinación del mismo valor. Es el valor en cuanto tal que en la relación aparece ahora bajo la forma' de intercambiable con respecto al valor de otra mercancía, como valor de cambio.

Esquema 3.02. Las tres determinaciones del valor en cuanto tal

Intercambiabilidad 4 b/ Valor \ a » Utilidad/Consuntividad

t

Productualidad

i

c

i

Sujeto productor (trabajo)

 

Aclaraciones al esquema 3.2. a. Determinación materiaI o cualitativa, b. Determinación formal o propiamente económica, c. Determinación como objetivación de vida humana o efectuación.

|3.35) El valor de cambio supone como su fundamento al valor en cuanto tal y ahora adquiere una tercera determinación. El valor en cuanto tal no tiene sólo las determinaciones de utilidad y productualidad, sino una tercera. El producto se produce no sólo para ser utilizado (con valor de uso, materialmente), y no sólo es fruto del trabajo humano, a diferencia de los bienes naturales (su productualidad, como efecto), sino que ahora se produce para ser intercambiado por otros productos en el mercado (es la intercam­biabilidad, denominada por Marx bajo la palabra Austauschbar- keit, formalmente).

[3.36) Estamos ya de lleno en la economía, en el campo econó­mico, en algún sistema económico. Lo económico, en último tér­mino, es la intercamhiabilidad en acto de las mercancías (mo­mento práctico, b) de los productos del trabajo humano (momento productivo, c) de un productor en vista del consumo, a) de otro ser humano necesitado (a). K. Marx hablaba por ello del círculo de producción/ distribución/ intercambio/ consumo; pero todo ello tiene como centro formal económico la intercambiabilidad, que supone la producción del valor de uso y su distribución, para ser cambiado (en el mercado) por otra mercancía o dinero, lo que termina al final por abandonar el campo económico por el consu­mo (porque la mercancía será consumida por el necesitado para calmar dicha necesidad). Ese «abandonar» el campo económico se cumple por la negación o subjetivación corporal de la mercan­cía como portadora de valor de uso cuyo consumo es, sin embar­go, la finalidad decisiva material de todo el proceso económico; afirmación, como reproducción y crecimiento, de la vida humana en comunidad, en último término de la humanidad.[9]

[3.4]     El dinero o la cosa con valor equivalente

[3.41]    El intercambio entre dos mercancías enfrenta el valor de cambio de ambas. Sin embargo, sería imposible si no hubiera una determinación o momento de identidad o semejanza entre los términos de la relación (la mercancía ofrecida y laque le sirve de pago). Pero, para que sean ambas equivalentes es necesario tener una medida que se aplique a ambas. Por ello, se necesita un tercer término (otra mercancía), que midiendo a las dos primeras jugara el papel de equivalente a los dos productos útiles (con valor de uso) para que fueran cuantitativamente comparables. Si se crea tal medida podrían calcularse o medir los valores de cambio de las mercancías confrontadas para ser intercambiadas en igualdad. Todo intercambio, para ser posible, o justo (y la justicia es una antigua virtud descrita por los clásicos en cuando sabe establecer «lo igual» —tó íson en griego—), debe entregar por un término de la relación algo igual a lo que recibe el otro término. Tenemos entonces la necesidad de establecer tres momentos.

Esquema3.03. El dinero mide los valores de cambio de las mercancías en el mercado

Valor equivalente como unidad de medida (dinero) 3

 

Valor de cambio Mercancía 2 (con valor de uso)

Valor de cambio Mercancía 1         •+

(cod valor de uso)

[3.42]    En el intercambio entre clanes por medio del trueque se cambian directamente la mercancía 1 (un puerco, por ejemplo) por la mercancía 2 (dos flechas). Si dicho intercambio se estable­ce institucionalmente en un cierto lugar nace el mercado (el tianguis en la cultura azteca, ya nombrado). En este último caso, es necesa­rio una medida que opera como la unidad (una mercancía con ca­racterísticas físicas especiales) que se aplica a los múltiples pro­ductos a ser medidos (todas las restantes mercancías), y por ello se denomina a esa mercancía: dinero y tiene por ello un valor equiva­lente universal en relación a todas las otras mercancías particula­res (entre los aztecas la unidad de medida era un puñado de cacao; en otras culturas se impusieron las piedras preciosas o los metales escasos). Es decir, en las economías tradicionales el dinero medía con su propio valor de cambio, en equidad, en igualdad, el valor de cambio de todas las restantes mercancías del sistema económico en vigor. Éste era el caso del cacao, bronce, plata u oro.[10] Posterior­

[3.43]   Es evidente que una mercancía, en último término y por su naturaleza, se adquiere (por medio de otra mercancía en el trueque o por dinero en el mercado) por la utilidad de su valor de uso, pagando la cantidad de su valor de cambio. Por otra parte, a diferencia de las otras mercancías, el valor de uso del dinero es el poder servir de valor equivalente como medida de todos los de­más valores de cambio de las otras mercancías. El dinero tiene por ello diversas funciones, entre ellas la de poder acumular va­lor de cambio sin necesidad de reunir físicamente en un lugar las cosas reales llamadas mercancías, y por lo tanto la acumulación puede tender al infinito, junto a la codicia (como lo indicaba D. Hume), y transformarse en un peligroso dios al que pueden in­molarse las personas («¡Vuestro dios es el dinero!», escribió K. Marx en La cuestión judía): se trata de la fetichización del dine­ro, el dios Mammón o Moloch de los semitas antiguos (como lo sugiere el crítico alemán y judío indicado), al que se le inmola­ban seres humanos.[11]

13.44] ¿Cuál podría ser, por su parte, la medida del mismo valor de cambio o del mismo dinero? El oro, que era 18 veces más escaso[12] que la plata en el siglo XVI cuando nacía el sistema- mundo, valía 18 veces más que la plata. Decir «escaso» es indicar que se necesita más tiempo para su obtención. En efecto, el funda­mento antropológico de medida (del que puede posteriormente deducirse un sentido ético de manera estricta) es el tiempo del trabajo. Siendo el valor la cualidad cuantificable del trabajo objetivado (vida objetivada del trabajador), fruto de un proceso en el tiempo,[13] puede (de manera todavía abstracta y contando con un concepto simple de trabajo homogéneo o universal) determi­narse la cantidad de valor de la mercancía por el tiempo que el trabajador debió emplear como promedio en el grado de produc­tividad técnica del trabajo en una cierta época para producir pro­porcionalmente una cierta cantidad de valor de uso.

[3.45]    Por su parte, cuando el dinero (el valor equivalente uni­versal de una mercancía escogida por sus cualidades materiales, como el oro inoxidable y muy escaso, es decir, de mucho valor con poco peso) mide el valor de cambio de una mercancía, deci­mos que conocemos su precio. A la inversa: el precio es el valor de cambio de la mercancía expresado en dinero.

[3.5]     La división de oficios en la comunidad y

el excedente económico

[3.51] El primer tipo de división del trabajo —nos hemos referido al tema— es muy antiguo. Fue una división de los ofi­cios. A. Smith atribuye la división del trabajo a la propensión por intercambiar mercancías, lo que exigiría producirla según diferentes oficios, técnicas, trabajos. Contra su opinión pode­mos decir que el origen no es esa propensión al intercambio, sino, muy por el contrario, las diferentes necesidades humanas. Históricamente toda comunidad, aún en la indiferenciada vida del clan paleolítico, necesitó siempre una cierta división de fun­ciones dentro de la comunidad. A la mujer se le asignó la educa­ción de la prole, el cuidado del hogar (el fuego), la cocina, etc. Al varón la defensa del hogar, la recolección de alimentos, ves­tido, etc. Igualmente los diversos bienes necesarios supusieron técnicas de extracción diferente (entre los recolectores, pesca­dores o cazadores). Es verdad que cuando los satisfactores se daban a la mano la diferenciación era mínima, y los quehaceres eran muy simples. Hemos dicho que un miembro de la comuni­dad podía aprender diversas funciones que no eran muy numero­sas. Estamos entonces es un etapa primera de una cierta econo­mía de subsistencia, con un gran equilibrio ecológico y con po­cas horas de quehaceres. Se habla de una «economía de la abun­dancia» mientras los clanes pudieron, como nómades, encontrar la «tierra sin mal» (así llamada por los guaraníes amazónicos las selvas donde podían nuevamente recolectar bienes necesa­rios para la vida. Cuando dichas condiciones de abundancia iban desaparecido en ambientes donde la vida de la comunidad se hacía más difícil por la misma extinción de esos recursos, era necesario cambiar de hábitat y por ello eran nómades).

[3.52 J Pero una vez que comienza el Neolítico, dando origen a la cultura urbana, los oficios o las técnicas artesanales se multiplican, lienardino de Sahagún describe 360 oficios diversos entre los azte­cas. Las grandes culturas neolíticas, entonces, desarrollan técnicas específicas para los productos que deben tener valores de usos di­ligenciados, tantos como las necesidades de la comunidad. Una co­munidad más desarrollada histórica y culturalmente irá creando nue­vas necesidades, propias de culturas que van superando sus límites establecidos. Por ello la invención de nuevos tipos de trabajos, de olidos, irá creciendo indefinidamente a lo largo de la historia.

[3.6]     Las instituciones económicas

[3.61]    La acción económica parte de la producción en vista de la distribución y el intercambio, y la distribución y el intercambio se desenvuelve en vista del consumo. Todas esas acciones se cum- píen siempre intersubjetivamente en comunidades empíricas que deben cumplir con las exigencias de la división de trabajos heterogéneos en la producción e intercambio de las mercancías por ello también heterogéneas. La división en el proceso produc­tivo del trabajo delimita las acciones de los agentes económicos, que cumplidas de manera constante, repetida, sabiendo cómo se realizan y desde la expectativa de que los otros miembros del sistema económico cumplan igualmente los trabajos correlativos, constituyen las instituciones económicas que dan lugar a sistemas. Toda acción económica es sistémica y cumple con funciones asig­nadas por los diversos tipos acciones dentro de la división del trabajo, de la distribución, del intercambio y del consumo.

[3.62]    Sin embargo, en cuanto institución, el sistema económi­co, en último término, se comprende si se tiene en cuenta la ges­tión y la asignación del excedente de la producción, lo común, que se acumula como la riqueza de la comunidad, en principio. El ser humano, por su poder cognitivo y emotivo cerebral, puede producir más bienes que los que necesita para su inmediato con­sumo. Todas las especies animales, aún las más evolucionadas, no tienen capacidad de acumulación de satisfactores fuera de lo necesario inmediatamente para la vida. Así las ardillas pueden guardar secretamente en diversos lugares, que recuerdan con ex­trema precisión, los alimentos conseguidos en el verano para so­brevivir en los rigurosos inviernos. Pero no podrían guardarlos en graneros, como los egipcios, durante los siete años de las «vacas gordas» para cuando lleguen las siete «vacas flacas». El desarro­llo de las civilizaciones significó igualmente un creciente domino sobre técnicas e instrumentos de gestión y de acumulación de los excedentes (logrados frecuentemente por un exceso de trabajo) que la comunidad toda producía gracias al crecimiento de los sis­temas económicos que se fueron organizando.

|3.63] En el caso de un sistema comunitario, tales como el de los clanes, las tribus o los pueblos originarios en América Lati­na, África o India, el que trabaja y el que gestiona el sistema son los mismos actores en comunidad de patrimonio, uso y consumo (SI y S2 del Esquema 4.01), forman por ello una comunidad igualitaria. Una vez que las comunidades ocuparon prácticamen­te el Planeta y comenzaron a encontrar otras comunidades que le disputaban los recursos, hubo que comenzar una obtención más intensiva de ellos. Los recolectores se transformaron en seden­tarios agricultores, los cazadores en pastores y la comunidad aldeana en pequeñas ciudades. El sistema igualitario (o equiva- lencial) se distorsionará y se producirán desigualdades crecien­tes (que expondremos desde la Tesis 4).

[3.7]     Del «mundo» al «campo» y a los «sistemas»

económicos

(3.71]      Aunque sea muy brevemente deseamos aclarar algunas categorías metodológicas que nos serán útiles en nuestra descrip­ción posterior. Como todas las teorías económicas se fundan, con conciencia o sin ella, en antropologías implícitas (como toda la obra de A. Smith o F. Hayek, en cuyos casos se basan en una metafísica individualista y tendencialmente egoísta o narcisista), es necesario explicitar la antropología en la que fundamos la críti­ca a la situación actual económico mundial. M. Heidegger, sea cual fuere su lamentable compromiso o posición política, criticó con razón a la modernidad mostrado que el ser humano no puede partir ontológica o primeramente desde un mero ego cogito (yo pienso) cartesiano, ya que esta presuposición de un yo que piensa (como el yo que ama, o el que trabaja o el que espera) es una de las posibles posiciones concretas del ser humano que ya siempre presupone el «ser-en-e!-mundo»] cotidiano. En efecto, el ser hu­mano, por la constitución del complejo sistema memorativo del cerebro, enfrenta los objetos cotidianos interpretándolos, amán­dolos, modificándolos desde el horizonte de la totalidad de sus experiencias pasada.[14] Esa totalidad de sentido que antecede a todo ente que nos enfrenta lo hemos denominado «mundo», que en nuestra Filosofía de la Liberación lo distinguimos de «cosmos».[15]

[3.72]    Ese «mundo» cotidiano de cada ser humano, de su co­munidad y en definitiva de la humanidad presente (como historia mundial) es infinitamente complejo. El ser humano, para poder manejarse dentro de él realiza procesos de abstracción; es decir, efectúa como cortes epistemológicos para poder simplificar su manejo. Se habla así de: «El mundo de mi hogar»; «el mundo del deporte»; «el mundo obrero». En esos ejemplos el mundo cobra un sentido particular. Esos mundos particulares lo llamaremos «campos». Un campo es por su parte, como el mundo, una totali­dad particular de sentido, con un «juego de lenguaje» propio (di­ría el segundo Wittgensteín), con instrumentos materiales propios, con actores especializados en moverse en dicha totalidad de sen­tido. El sistema nervioso, nuestro cerebro, forma mapas de millo­nes de grupos neuronales que se activan cuando se toca un tema de ese campo. Decimos «política» y de inmediato aparecen imáge­nes tales como presidentes, diputados, urnas, propaganda de re­presentantes, etc. Esa «asociación de ideas» de los empiristas in­gleses se referían al fenómeno material de la ligazón de los mapas neuronales en campos. Y bien, cuando indicamos una cuestión eco­nómica, la situamos inevitablemente en un «campo económico», como la totalidad de sentido de todo lo que se relaciona a este significado, y donde cada momento (por ejemplo el «dinero») co­bra un lugar, un sentido, o queda relacionado a la respectividad de la totalidad de lo económico. Hablaremos entonces con precisión de un «campo económico».[16]

[3.73| Pero, además, el campo económico se encuentra institu­cionalizado u organizado por diversos «sistemas». El concepto de «sistema» es más abstracto que el de campo, y éste que el de mundo.[17] El campo económico (que es uno) se institucionaliza se­gún múltiples sistemas, que pueden coexistir o no en el espacio y en el tiempo. De hecho nunca hubo un solo sistema económico en el Planeta, aunque el fenómeno de la globalización lo está inten­tando por primera vez en la historia (pero todavía no lo ha logra­do, subsistiendo cada vez más abrumados por la extinción otros sistemas económicos, como amplias regiones del África, del Asia, del Amazonas o, por ejemplo, entre los Mapuches de Chile o los Aymaras de Bolivia). Un sistema1 es una totalidad de sentido, con estructuras instrumentales e institucionales relaciones prácticas o sociales, que define y funda sus momentos funcionales organizán- dolos por la división heterogénea del trabajo con unidad ideoló­gica, ya que responden a un criterio esencial. En el campo econó­mico pueden entonces coexistir un sistema de auto-producción y auto-consumo de un clan en Nigeria con un sistema capitalista que sea dominante en el territorio de este Estado.

[3.8]     Los sistemas económicos equivaienciales

[3.81]                  Históricamente en los sistemas económicos comunita­rios, tales como el de los clanes, las tribus o los pueblos origina­rios en América Latina, África o India, antes de la revolución urbana neolítica (con su dominación tributaria de campesinos), o de las invasiones de los pueblos que domesticaron el caballo y usaron las armas de hierro (que generalizaron la esclavitud), el que trabajaba era el que gestionad excedente del sistema, sujetos del patrimonio común, del uso y del consumo: forman una comuni­dad igualitaria de productores. Deseamos indicar este punto de partida económico para poder comprender la desviación de estos modelos íntimamente ligados a un equilibrio ecológico y econó­mico, para poder compararlos a los que se organicen posterior­mente. El excedente gestionado en común] en vista de la produc­ción, reproducción y crecimiento de la vida de la comunidad, usan­do instrumentos ecológicos como criterio técnico-productivo, y la igualdad y participación como principios comunitarios pueden ser retenidos hoy como parámetros prácticos de validez universal, material y formal, aunque estuvieran situados dentro de determi­naciones propias de tiempos juveniles de la humanidad.

[3.82]                  Nada era perfecto, perfección imposible que es el límite que supera la condición humana, y por ello ninguna justicia o equi­valencia puede tampoco ser perfecta, pero podía en aquellos tiem­pos originarios haber un cierto equilibrio que el desarrollo poste­rior perderá y que irá acrecentando, junto al progreso cuantitativo y tecnológico, la dominación de una minoría (el 1%) sobre sus semejantes (el 99%), opresión que lentamente se acerca a una frontera que la humanidad está traspasando y que es el umbral entre la sobrevivencia y el suicidio colectivo. Hubo un momento, un inicio epocal en el tiempo histórico pasado en el que se fueron originando sistemas económicos no-equivalenciales, que comen­zaron un aumento progresivo de la opresión y de la distancia que se ha tomado demencial como diferencia abismal del usufructo de los excedentes producidos por toda la humanidad y gestionados con propiedad privada por una oligarquía cada vez más peligrosa­mente narcisista e insensible al dolor de las mayorías condenadas a una pobreza y a una muerte inevitable.

[3.83)   De todas manera, aún el sistema equivalencial con míni­ma presencia de dominación del ser humano sobre otros seres humano no puede evitar de aumentar sistémicamente la función negativa entrópica que, al desarrollar los instrumentos, la organi­zación, la ocupación geográfica de la comunidad, va transforman­do cualitativamente más materia y energía en residuos inútiles, que se acumularán crecientemente.




[1] Hemos tratado la cuestión en Dussel, 1980; e igualmente Dussel, 1977,3.3.

[2] Véase en Dussel, 1977, 3.1.

[3] Véase Dussel, 2007 y 2009.

[4] En el sentido que se dirige directamente a la reproducción de la vida y que es el contenido de la acción (véase el sentido de lo material en mi Ética de la Liberación (Dussel, 1998, cap. 1).

[5] Denominamos así en la Ética, nombrada en la anterior nota, aquellas relaciones interhumanas que son modos (es decir, maneras, formas) de relacionarse que se institucionalizan en instituciones prácticas.

[6] Razeto, 1984, p. 22. Luis Razeto en su obra Economía de solidaridad y mercado democrático intenta pensar el intercambio desde un horizonte previo, la donación (cuya reflexión parte de la cita de Hegel, Reclttsphilosohie, § 80), aunque no advierte que la «donación» desde un derecho moderno queda ya situado históricamente. El cían entre los pueblos amerindios está fuera de ese horizonte, y el servicio que cada miembro cumple con la comunidad no considera al Otro como beneficiario sino como simple participante de la totalidad com untaría del que el donante forma parte íntegramente. Los francisanos en la Edad Media europea, caso estudiado por G Agamben, deben, con Razeto, luchar contra un derecho que tiene a la propiedad privada como horizonte, y donde el uso del bien puede efectuarse sólo desde el fundamento de esa propiedad. Los franciscanos quieren usar los bi enes (usufructuar e 1 valor de uso) sin afirmar ni ostentar ningún derecho de propiedad: «Gracias a la doctrina del uso la vida francisana pudo afirmar sin reserva como esta existencia (de pobreza voluntaria) que se sitúa fuera del derecho, es decir que, para existir, debe renunciar al derecho, y tal es ciertamente el legado con respecto al cual la modernidad se manifestó incapaz de enfrentar, y que nuestro tiempo no pareciera tener la posibilidad ni siquiera de pensar. ¿Qué seria una vidaJuera deIderecho si se define como una forma de vida que usa las cosas sin jamás apropiárselas?» (Agamben, 2011, pp. 194­195). ¡ Este es el desafío!

[7] Todo contrato estipulado de manera conciente y ex.pl íc ¡to en el tiempo (a la manera (.leí descripto por J. Locke o A. Smith) está ya siempre precedido de una institución previa, aúnen el Paleolítico, y qué decir en la civilización urbana del Neolítico desde hace unos lOmil años. No existe ningún acto humano pre-comunitario, pre-institucionaloprc- conlractual absolutamente (es decir, sin un cierto contrato ya aceptado por todos aunque sea mítica e inconcientemente en las tradiciones misútitiguas). El contractualismo de la cconomía moderna burguesa o de un J. Rawls es una mera« robinsonada» ilusoria y nada científica.

[8] «Material» en cuanto es lo producido por el trabajo o el contenido de la satisfac­ción.

[9] Esta «forma de aparición» (Erscheinungsform) es fenoménica (fenomenológica). tal como la entendía Marx. Es entonces el valor mismo como fundamento esencial de una forma de aparición.

[10] Los chinos fueron los primeros que imprimieron papel moneda en función dineraria, siglos antes que en Occidente. Marco Polo no sabía cómo describir en su Italia subdesarro- llada (al igual que Europa) ese instrumento de pago cuyo valor efectivo intrínseco de cambio (un insignificante pedazo de papel) era mucho menor al que certificaba representar.

[11] ¿Cuál es el Dios al que se refiere eUdnGod we trust» del dólar? ¿No será el mismo dólar?

[12] Es decir, el oro costaba o debía obtenerse con 18 veces más de tiempo de trabajo de los mineros que el que se utilizaba para obtener lo equivalente a I unidad de plata.

[13] Recuérdese que el «tiempo» es un movimiento o proceso que mide otro proceso, teniendo como referencia de la aplicación de la medida a la misma subjetividad humana (en la descripción aristotélica del tiempo). En nuestro caso el proceso del trabajo mediría en su tiempo al proceso de constitución del valor: cuando más dure el proceso de trabajo en constituiré! valor de una cosa real, dicha cosa tiene más valor. Veremos la deducción ética de esta descripción de fundamentación antropológica de la economía, como la de Marx. El que parte del mercado, como en el caso de la economía capitalista, ya tiene como punto de partida el valor objetivado, no pudiendo relacionar el valor y el ser humano. Y en este caso, es el deseo del comprador el que constituye el valor. Es una visión fetichista, abstracta, sin referencia al ser humano llamado trabajador o productor.

[14] Esta expresión («/n-der-Weli-sein»; Heidegger, 1963, § 12, p. 52 ss) quiere corre­gir la posición de E. Husserl que partía en su análisis de un yo intencional abstractamente descrito como constituyente del sentido del objeto. Posición teórica o cogniti va en defini­tiva. Heidegger quiere indicar que el ser humano (el Da-sein), antes que situarse como un sujeto cognítívo («yopienso» algo como objeto) es ya siempre un «ser-en-el-mundo» cotidiano, concreto, existencia!. El mismo Husserl, influenciado por su sucesor, propondrá );i categoría de Lebenswe!í(«mmóo de la vida» cotidiana), como corrección de sus aná­lisis anteriores al 1927.

[15] Que sería la totalidad de las cosas reales (que no puede identificarse con la tota­lidad de las experiencias que del cosmos tiene el ser humano). Enelorden de la realidad el cosmos es más que el m undo (cosmos no es igual a mundo); en el orden existencial o de la experiencia de cada ser humano el mundo es más que el cosmos en parte conocido e introducido en el propio mundo. Véase Dussel, 1977,2.2.3.

[16]     Véase algo más sobre el tema en Dussel, 2006; y en Dussel, 2009. Pierre Bourdieu ha trabajado el concepto de «campo».

[17] De modo que podríamos decir que: sistema < campo < mundo. El signo < quiere indicar que sistema es menos complejo que campo, porque es más abstracto. Niklas Luhmann ( véase Dussel, 1998, § 3.3) ha estudiado el concepto de «sistema» (Luhmann, 1991), y también el sistema económico (Luhmann, 1988). Lo limitado, en el último caso, es que comienza por el «precio» (Preis; pp. 13 ss) y el «mercado» (pp. 91 ss) no advirtiendo que, como Hegel, queda atrapado desde el comienzo dentro de un sistema histórico (el capitalismo).

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