Tesis 3
La espiral económica equivalencial. Valor de cambio,
mercado y dinero
[3.1] Relación práctica o social:
«ser humano-ser humano»
[3.1.1] Debemos distinguir claramente la relación productiva de la relación práctica o social que se establece entre dos seres humanos. Los griegos la denominaron praxis que, aunque puede usarse para significar simplemente «acto», tiene principalmente el significado de acto dirigido a otro ser humano.
Ese «cara-a-cara» (que los semitas denominaron en hebreo paním el paním) indica empíricamente esta relación Entre los vivientes sólo los mamíferos tienen una sensibilidad específica en su piel, muy especialmente en sus regiones crógenas, sexuales, o en los labios de la boca, siendo una eroticidad específica, emotiva, de profunda repercusión subjetiva. Las relaciones de odio o amor, de fraternidad o dominación, de alegría o tristeza por el bien, por ejemplo, son reguladas por el sistema límbico cerebral. La sensación de felicidad que emana del contacto, de la presencia, de la compañía del otro ser humano es inenarrable y significa el cumplimiento final de la existencia. Se trata de una relación práctica, social.
[3.12]
La relación del sujeto
ante otro sujeto (SI-S2)
puede ser al menos de tres tipos. La primera relación es la de género,
mujer-varón, erótica, sexual, de pareja. Es el origen de todas las demás
relaciones y constituye el primer tipo de comunidad posible: la familia,
organizadas de las más diversas maneras. Ellas forman clanes, que son grupos de
familias estructurados con un mayor tipo de complejidad.' La relación de
género, como la relación racial, no se estructura en campos, sino que es una
determinación propia de los sujetos en cuanto tales (como la edad, raza, sexo,
etc.).
[3.13} La segunda relación
práctica posible es la de la pareja y su prole. Se trata de la relación
práctico-pedagógica. Una generación transmite a la siguiente el ser
(genéticamente), el aprendizaje o la cultura de la comunidad a las nuevas
generaciones. En los clanes primitivos, siendo las funciones sociales no tan
complejas, dicho aprendizaje era asumido indiferenciadamente por todos sus
miembros. Al desarrollarse la complejidad histórica aparecieron
especializaciones de miembros con la responsabilidad educativa. Se trata de un
segundo tipo de relación práctica.[1]
[3.14] La tercera relación práctica es la que se establece en una comunidad de iguales, en la expresión metafórica de hermano-hermana, cuya manifestación prototípica son las relaciones política o la económica, habiendo muchas otras posibles.[2] Como veremos más adelante en la significación de campo [5.4], cada una de estas relaciones abre, además, el horizonte a totalidades o sistemas prácticos de los que nos estamos ocupando.
Así el campo
político y sus sistemas
correspondientes han sido objeto por mi parte de una larga descripción.[3] Ahora nos abrimos en cambio al
ámbito económico.
[3.1.5] A diferencia de las
relaciones prácticas o sociales erótica, pedagógica o política que pueden ser
inmediatas (sin necesaria mediación de objetos físico-naturales), la relación
práctica económica está determinada por la mediación material del producto
(P), efecto del trabajo de un ser humano (el productor) (SI) y objeto de la
necesidad de otro ser humano en relación práctica (S2). La relación práctica, entonces,
deviene objetivamente real por el tipo de mediación que involucra a la
naturaleza transformada por el trabajo y ligada a la producción, reproducción
y crecimiento de la vida humana de la comunidad de los agentes.
[3.2] Relación práctico-productiva o económica: «serhumano-producto-ser humano»
[3.2.1]
Esta relación
económica, práctica comunitaria y productiva de los satisfactores necesarios
para la vida se establece ya en los clanes, tribus o pequeñas aldeas del
Paleolítico. Son sistemas equivalenciales donde los miembros de la comunidad
económica se atribuyen los beneficios de la producción y el intercambio en
igual distribución y participación. No hay todavía posibilidades mayores de
diferencias en la apropiación de los satisfactores, de los bienes, y el sistema
funciona con una justicia que quedará posteriormente en la memoria de las
culturas como una utopía originaria. Las tribus nómades de las estepas o los
desiertos (simbolizado en la figura de Abel en los pueblos semitas, por
ejemplo), aún comenzado el Neolítico y ante las grandes ciudades (metafóricamente
Caín) ya estratificadas económicamente, levantarán la igualdad del sistema
equivalencial del «desierto», tiempo de la justicia sin pobres ni ricos, como
el punto de referencia de las injusticias presentes.
[3.2.2] La compleja estructura económica es el efecto de cruzar los dos tipos de relaciones brevemente descritas con anterioridad, la relación productiva y la práctica social, uno material[4] y otro formal[5] práctico o social (SI-P-S2) representada esquemáticamente de la siguiente manera:
Esquema 3.01. Complejidad de la estructura relaciona!
económica
|3.2.3) Por otra parte, esta
relación práctico-económica entre los agentes {flecha a) fue igualitaria al comienzo
de la historia, sin opresión de un miembro sobre otro, pero, como veremos posteriormente,
no se conservó al evolucionar los sistemas económicos. Será necesario observar
cuidadosamente esta relación social
en la que K. Marx estriba una parte central de su crítica al capitalismo.
[3.2.o4]
La primera relación analógica práctico-productiva, cuasi-
económica, en su límite y como una experiencia utópica originaria, es la que
se establece entre la madre y la prole en el acto mismo de dar de mamar el alimento al recién
nacido. La leche de la
madre, ese bien consumible, que es una secreción de las glándulas mamarias como
en todos los mamíferos, es como un producto
metafórico (P) de la
propia corporalidad materna, que dona
gratuitamente a su prole, con amor desinteresado y sin retorno, al nuevo Otro
que ha procreado con exterioridad o autonomía, estableciendo una analógica relación práctico-productiva,
es decir, cuasi-económica. Es como la económica arqueológica y escatológica,
primera e imagen de la última. El niño sin haber trabajado, ni comprado, ni
sufrido, alcanza la satisfacción del consumo, de la protección, del placer del
calor, de la suavidad de la piel materna que lo acoge y alimenta. El mejor
sistema económico futuro será como un recuerdo subjetivo de ese acto
originario. S. Freud lo supo muy bien y se dedicó a mostrar su significación
histórica y económica. El enfermo mental, el que sufre la injusticia social,
empíricamente intenta frecuentemente retornar al útero materno (hasta adopta
una postura fetal), anterior aún al mamar, para volver a encontrar la
satisfacción del consumo pleno sin el sufrimiento del trabajo, de la acción,
del enfrentar a un mundo que se le ha tornado hostil.
[3.25]
El ser humano
originariamente y por tendencia genética no sólo no es narcisista ni egoísta,
sino que se encuentra en una posición de apertura al Otro, como respuesta
también originaria de ser en su mismo ser el efecto de un acto desinteresado de
donación. Los aztecas nombraban al ser humano como el deudor (macehual). Deudor ante los dioses por el don gratuito de la vida. A la madre se
la venera por el mismo motivo: es la donadora
gratuita de la vida; donación absoluta que no puede pagarse nunca, porque el hijo no puede
donar nunca la vida a la madre como retribución. Además, el don es anterior a la justicia porque no
reclama pago alguno. La
justicia es un dar a cada uno lo que merece. El don da al Otro algo antes que pueda merecer, o aun lo
que no merece. Lo gratis,
anterior a toda económica venta o compra, es su horizonte esencial,
fundamental. Porque la gratuidad es la esencia del don: entrega algo sin esperar retribución.
Es la economía perfecta, originaria y utópica por excelencia.
[3.26]
Como hemos ya
indicado, se establece así una relación económica
de reciprocidad, como entre los Tupi-guaraníes amazónicos que los
franciscanos y jesnitas desde el siglo XVII hasta el año 1767, respetando sus
costumbres económicas, organizaron en el Paraguay y en otras regiones de
América Latina en las famosas Reducciones,
comunidades que todo lo poseían en común, estrictamente comunistas, disueltas por la Ilustración
burguesa de los Borbones en el siglo XVIII. Estas experiencias fueron los
antecedentes directos de la Revolución
de los iguales en Francia (1794), del bon sauvage de Rousseau, y del
Socialismo utópico, primer capítulo no escrito todavía de la historia del
Socialismo moderno europeo. Era una economía de la reciprocidad: un miembro de
la comunidad otorgaba al Otro un don gratis; el que recibía el don y lo
aceptaba era objeto de una donación gratuita, pero sabiendo que el que dona
cumple con un deber y se libera de la deuda para con los dioses donadores de la
vida, y por ello es un ser superior y libre de la deuda (ya no es deudor).
Mientras que el que recibe el don no se siente primeramente beneficiado, sino
que signado con una doble deuda (para con los dioses y con respecto al otro miembro
de la comunidad), es decir, aumenta su deuda al recibir el don. Se siente más
débil, menor, inferior. Es así mejor donar que recibir.[6]
6 .Los guaraníes invitaron a los españoles cuando llegaron al Paraguay a comer y festejaren las celebraciones de la cosecha. Los españoles admirados aceptaron, festejaron y comieron. No sabían que al recibir el don se había igualmente comprometido aentrar en una economía de la reciprocidad. Cuando en el año siguiente los invitaron a los trabajos del campo para alcanzar una nueva cosecha, los españoles se negaron y los indígenas quedaron escanda!izados de la inmoralidad de los conquistadores. La ética moderna de la economía del intercambio monetario mercantil capitalista (de la oferta, la demanda, del comprar y el vender) no podía comprender a la economía de reciprocidad.
[3.27]
Esto es lo que intentan mostrar algunos autores, cuando uno
de ellos escribe:
«En las donaciones los sujetos de relación son personas [...] cuyos objetivos y motivaciones importan al Otro, que se reconocen recíprocamente como donante y beneficiario de los bienes económicos, y éstos se presentan en su materialidad concreta y particular como valor de uso, bienes cualificados por su utilidad (no cuantificados por su precio) [... Nos interesa aquí analizar el tema] con el sólo propósito de mostrar el camino por el cual es posible superar la subordinación del concepto de donación respecto de la teoría de los intercambios».'
En este caso, sin embargo, se
parte de la donación como una figura jurídica desde el marco del derecho que
incluye como referencia la propiedad. Habría más bien que partir del don o el servicio como la acción productiva de
un miembro de la comunidad que no puede menos que participar en ella porque lo
debe todo (su mismo ser y todos sus bienes y los del universo donde vive) y
porque tiene conciencia plena que la sobrevivencia de cada miembro es fruto de
la mutua responsabilidad compartida. Estamos antes
(en la historia) de la posterior
individualidad posesora y excluyente propia de la propiedad privada, de los
sistemas económicos no-equivalenciales.
[3.28]
Sin embargo, las exigencias ambiguas del desarrollo
civilizatorio llevó a establecer una relación de intercambio de apropiación de
los productos producidos por productores, en el sentido de transformarse cada
productor —que al mismo tiempo está necesitado del producto del Otro, para el
consumo propio— producto de un Otro también necesitado del producto del primero
para su consumo. Ese intercambio de mutua relación de apropiación no pudo ser
ya la simple donación, sino la venta (no necesariamente por dinero en el
trueque al comienzo) y la compra (aunque en el mismo trueque) del producto
transformado en mercancía, en el acto mismo del intercambio.
[3.3] La tercera determinación del
valor y el valor de cambio
[3.31]
El producto del
trabajo humano, puesto en la realidad objetiva como un satisfactor antes
inexistente, cuando se lo intercambia por el producto del trabajo de otro ser
humano adquiere, en la misma relación
en acto, la cualidad de ser un «valor de
cambio»(«de cambio» como genitivo objetivo: para-el-Otro). Ese valor de cambio puede
ser una mera posibilidad cuando el producto es producido para el consumo; pero
es intentado como finalidad principal cuando es producido para el intercambio y
no solamente para ser consumido. En el acto mismo del intercambio de las
mercancías en el mercado, el productor que pone
a la cosa producida en relación
con otra cosa producida (flecha e
del Esquema 3.01), la
constituye como portadora del valoree cambio.
[3.32]
Ya Aristóteles lo había
descrito en su Política. Un
zapato producido por el trabajador para ser usado por él mismo tiene valor de uso (para su necesidad). Pero
el zapato producido por el zapatero que se ocupa por oficio sólo de fabricar
zapatos (en el ergastérion
griego, por ejemplo) lo produce
con la intención fenomenológica
que denominaremos ekonómisis (el
constituir intencionalmente al producto como medio para el intercambio, sea
dentro del clan mismo, entre las tribus, o en una ciudad que ya tiene mercado:
el tianguis de los
aztecas). El valor de cambio será
un extremo o momento que pone la relación
que sitúa al producto dentro del campo
económico, adquiriendo la cosa su sentido de objeto económico: el ekonómata. Ahora nos enfrentamos por
primera vez a una intención económica
propiamente dicha: la producción de un bien como mercancía para el Otro miembro
de la comunidad participante del mercado (mercado que es una institución, y de ninguna manera una
relación natural o
previa a un hipotético primer contrato; contrato no explícitamente necesario en
el tiempo).[7]
[333] La mercancía entonces es el producto
fabricado como intercambiable
y puesto en el mercado. En un primer momento, el producto es producido en el
hogar (o en el lugar de trabajo) por el trabajador. En un segundo momento, el
producto es puesto en el mercado
(el lugar determina el
devenir dialéctico de la categoría de producto intercambiable en mercancía en acto) y se transforma así
de mero producto en mercancía a
disposición del Otro en el mercado, o de los otros, para ser intercambiado por
otros productos (en el trueque) o por dinero (en la venta), transformada en
mercancía que se intercambia por su valor de cambio. El valor de cambio es una determinación cuantitativa del valor (el valor de uso es en cambio una determinación cualitativa o material[8])
de la cosa. La cosa real producida es ahora una mercancía o ente económico;
será medida formal o económicamente por ese su valor de cambio.
[3.34]
Antes del intercambio el producto (en cuanto producto) tenía
ya valor (recuérdese lo
dicho en 2.3). Ese valor es ahora el fundamento de la aparición como su
fenómeno del valor de cambio. El valor de cambio es la posición relacional del
producto (y del valor como tal) que siendo ahora mercancía se relaciona con otra
mercancía. La primera tiene ahora valor de cambio, que es el mero valor en
«relación-a» (valor como valor de cambio). Pero, además, ahora se constituye
una nueva determinación del mismo valor. Es el valor en cuanto tal que en la relación
aparece ahora bajo la forma' de intercambiable
con respecto al valor de otra mercancía, como valor de cambio.
Esquema 3.02. Las tres
determinaciones del valor en cuanto tal
|
Intercambiabilidad
4 b/ Valor \ a » Utilidad/Consuntividad t Productualidad i c i Sujeto productor (trabajo) |
Aclaraciones
al esquema 3.2. a. Determinación materiaI o cualitativa, b.
Determinación formal o propiamente económica, c.
Determinación como objetivación de vida humana o efectuación.
|3.35) El valor de cambio supone como su fundamento al valor en cuanto tal y ahora adquiere una
tercera determinación. El valor
en cuanto tal no tiene sólo las determinaciones de utilidad y productualidad, sino una tercera. El
producto se produce no sólo para ser utilizado (con valor de uso,
materialmente), y no sólo es fruto del trabajo humano, a diferencia de los
bienes naturales (su productualidad,
como efecto), sino que ahora se produce para ser intercambiado por otros
productos en el mercado (es la
intercambiabilidad, denominada por Marx bajo la palabra Austauschbar- keit, formalmente).
[3.36) Estamos ya de lleno en
la economía, en el campo económico,
en algún sistema económico.
Lo económico, en último término, es la intercamhiabilidad
en acto de las mercancías (momento práctico,
b) de los productos del trabajo humano (momento productivo, c) de un productor en vista
del consumo, a) de otro ser humano necesitado (a). K. Marx hablaba por ello del
círculo de producción/ distribución/ intercambio/ consumo; pero todo ello tiene
como centro formal económico la intercambiabilidad,
que supone la producción del valor de uso y su distribución, para ser cambiado
(en el mercado) por otra mercancía o dinero, lo que termina al final por abandonar el campo económico
por el consumo (porque la mercancía será consumida por el necesitado para
calmar dicha necesidad). Ese «abandonar» el campo económico se cumple por la
negación o subjetivación
corporal de la mercancía como portadora de valor de uso cuyo consumo es, sin
embargo, la finalidad decisiva material
de todo el proceso económico; afirmación, como reproducción y crecimiento, de
la vida humana en comunidad, en último término de la humanidad.[9]
[3.4] El dinero o la cosa con valor
equivalente
[3.41]
El intercambio entre dos mercancías enfrenta el valor de
cambio de ambas. Sin embargo, sería imposible si no hubiera una determinación o
momento de identidad o semejanza
entre los términos de la relación (la mercancía ofrecida y laque le sirve de
pago). Pero, para que sean ambas equivalentes es necesario tener una medida que
se aplique a ambas. Por ello, se necesita un tercer término (otra mercancía),
que midiendo a las dos primeras jugara el papel de equivalente a los dos
productos útiles (con valor de uso) para que fueran cuantitativamente comparables. Si se
crea tal medida podrían calcularse o medir los valores de cambio de las
mercancías confrontadas para ser intercambiadas en igualdad. Todo intercambio, para ser
posible, o justo (y la justicia es una antigua virtud descrita por los clásicos
en cuando sabe establecer «lo igual» —tó
íson en griego—), debe entregar por un término de la relación
algo igual a lo que recibe el otro término. Tenemos entonces la necesidad de
establecer tres momentos.
Esquema3.03. El dinero mide los valores de cambio de las mercancías en el
mercado
|
|
Valor equivalente como unidad de
medida (dinero) 3
|
|
|
Valor de cambio Mercancía 2 (con valor de uso) |
Valor de cambio Mercancía 1 •+
(cod valor de
uso)
[3.43]
Es evidente que una mercancía, en último término y por su
naturaleza, se adquiere (por medio de otra mercancía en el trueque o por dinero
en el mercado) por la utilidad de su valor de uso, pagando la cantidad de su
valor de cambio. Por otra parte, a diferencia de las otras mercancías, el valor
de uso del dinero es el poder servir de valor equivalente como medida de todos
los demás valores de cambio de las otras mercancías. El dinero tiene por ello
diversas funciones, entre ellas la de poder acumular valor de cambio sin
necesidad de reunir físicamente en un lugar las cosas reales llamadas
mercancías, y por lo tanto la acumulación puede tender al infinito, junto a la
codicia (como lo indicaba D. Hume), y transformarse en un peligroso dios al que
pueden inmolarse las personas («¡Vuestro dios es el dinero!», escribió K. Marx
en La cuestión judía):
se trata de la fetichización del dinero, el dios Mammón o Moloch de los
semitas antiguos (como lo sugiere el crítico alemán y judío indicado), al que
se le inmolaban seres humanos.[11]
13.44] ¿Cuál podría ser, por
su parte, la medida del
mismo valor de cambio o del mismo dinero? El oro, que era 18 veces más escaso[12] que la plata en el siglo XVI cuando
nacía el sistema- mundo, valía 18 veces más que la plata. Decir «escaso» es
indicar que se necesita más tiempo para su obtención. En efecto, el fundamento
antropológico de medida (del que puede posteriormente deducirse un sentido
ético de manera estricta) es el tiempo
del trabajo. Siendo el valor la cualidad cuantificable del trabajo objetivado (vida objetivada del trabajador), fruto
de un proceso en el tiempo,[13] puede (de manera todavía
abstracta y contando con un concepto simple de trabajo homogéneo o universal)
determinarse la cantidad de valor de la mercancía por el tiempo que el
trabajador debió emplear como promedio en el grado de productividad técnica
del trabajo en una cierta época para producir proporcionalmente una cierta
cantidad de valor de uso.
[3.45]
Por su parte, cuando el dinero
(el valor equivalente universal de una mercancía escogida por sus cualidades
materiales, como el oro inoxidable y muy escaso, es decir, de mucho valor con
poco peso) mide el valor de cambio de una mercancía, decimos que conocemos su precio. A la inversa: el precio es el valor de cambio de la
mercancía expresado en dinero.
[3.5]
La división de oficios en la comunidad y
el excedente económico
[3.51] El primer tipo de división del trabajo —nos hemos referido
al tema— es muy antiguo. Fue una división de los oficios. A. Smith atribuye la
división del trabajo a la propensión por intercambiar mercancías, lo que
exigiría producirla según diferentes oficios, técnicas, trabajos. Contra su
opinión podemos decir que el origen no es esa propensión al intercambio, sino,
muy por el contrario, las diferentes necesidades humanas. Históricamente toda
comunidad, aún en la indiferenciada vida del clan paleolítico, necesitó siempre
una cierta división de funciones dentro de la comunidad. A la mujer se le
asignó la educación de la prole, el cuidado del hogar (el fuego), la cocina,
etc. Al varón la defensa del hogar, la recolección de alimentos, vestido, etc.
Igualmente los diversos bienes necesarios supusieron técnicas de extracción
diferente (entre los recolectores, pescadores o cazadores). Es verdad que
cuando los satisfactores se daban a la mano la diferenciación era mínima, y los
quehaceres eran muy simples. Hemos dicho que un miembro de la comunidad podía
aprender diversas funciones que no eran muy numerosas. Estamos entonces es un
etapa primera de una cierta economía de subsistencia, con un gran equilibrio
ecológico y con pocas horas de quehaceres. Se habla de una «economía de la
abundancia» mientras los clanes pudieron, como nómades, encontrar la «tierra
sin mal» (así llamada por los guaraníes amazónicos las selvas donde podían
nuevamente recolectar bienes necesarios para la vida. Cuando dichas
condiciones de abundancia iban desaparecido en ambientes donde la vida de la
comunidad se hacía más difícil por la misma extinción de esos recursos, era
necesario cambiar de hábitat y por ello eran nómades).
[3.52 J Pero una vez que
comienza el Neolítico, dando origen a la cultura urbana, los oficios o las
técnicas artesanales se multiplican, lienardino de Sahagún describe 360 oficios
diversos entre los aztecas. Las grandes culturas neolíticas, entonces,
desarrollan técnicas específicas para los productos que deben tener valores de
usos diligenciados, tantos como las necesidades de la comunidad. Una comunidad
más desarrollada histórica y culturalmente irá creando nuevas necesidades,
propias de culturas que van superando sus límites establecidos. Por ello la
invención de nuevos tipos de trabajos, de olidos, irá creciendo indefinidamente
a lo largo de la historia.
[3.6] Las instituciones económicas
[3.61]
La acción económica parte de la producción en vista de la
distribución y el intercambio, y la distribución y el intercambio se
desenvuelve en vista del consumo. Todas esas acciones se cum- píen siempre
intersubjetivamente en comunidades empíricas que deben cumplir con las
exigencias de la división de trabajos heterogéneos en la producción e
intercambio de las mercancías por ello también heterogéneas. La división en el proceso
productivo del trabajo delimita las acciones de los agentes económicos, que
cumplidas de manera constante, repetida, sabiendo cómo se realizan y desde la
expectativa de que los otros miembros del sistema económico cumplan igualmente
los trabajos correlativos, constituyen las instituciones económicas que dan
lugar a sistemas. Toda acción
económica es sistémica y cumple con funciones asignadas por los diversos tipos
acciones dentro de la división del trabajo, de la distribución, del intercambio
y del consumo.
[3.62]
Sin embargo, en cuanto institución, el sistema económico, en
último término, se comprende si se tiene en cuenta la gestión y la asignación
del excedente de la
producción, lo común, que se acumula como la riqueza de la comunidad, en
principio. El ser humano, por su poder cognitivo y emotivo cerebral, puede
producir más bienes que los que necesita para su inmediato consumo. Todas las
especies animales, aún las más evolucionadas, no tienen capacidad de
acumulación de satisfactores fuera de lo necesario inmediatamente para la vida.
Así las ardillas pueden guardar secretamente en diversos lugares, que recuerdan
con extrema precisión, los alimentos conseguidos en el verano para sobrevivir
en los rigurosos inviernos. Pero no podrían guardarlos en graneros, como los
egipcios, durante los siete años de las «vacas gordas» para cuando lleguen las
siete «vacas flacas». El desarrollo de las civilizaciones significó igualmente
un creciente domino sobre técnicas e instrumentos de gestión y de acumulación
de los excedentes (logrados
frecuentemente por un exceso de trabajo) que la comunidad toda producía gracias
al crecimiento de los sistemas económicos que se fueron organizando.
|3.63] En el caso de un
sistema comunitario, tales
como el de los clanes, las tribus o los pueblos originarios en América Latina,
África o India, el que trabaja y el que gestiona el sistema son los mismos
actores en comunidad de patrimonio, uso y consumo (SI y S2
del Esquema 4.01), forman
por ello una comunidad igualitaria. Una vez que las comunidades ocuparon
prácticamente el Planeta y comenzaron a encontrar otras comunidades que le
disputaban los recursos, hubo que comenzar una obtención más intensiva de
ellos. Los recolectores se transformaron en sedentarios agricultores, los
cazadores en pastores y la comunidad aldeana en pequeñas ciudades. El sistema
igualitario (o equiva- lencial) se distorsionará y se producirán desigualdades
crecientes (que expondremos desde la Tesis
4).
[3.7]
Del «mundo» al «campo» y a los «sistemas»
económicos
(3.71]
Aunque sea muy brevemente deseamos aclarar algunas categorías
metodológicas que nos serán útiles en nuestra descripción posterior. Como
todas las teorías económicas se fundan, con conciencia o sin ella, en
antropologías implícitas
(como toda la obra de A. Smith o F. Hayek, en cuyos casos se basan en una
metafísica individualista y tendencialmente egoísta o narcisista), es necesario
explicitar la antropología en la que fundamos la crítica a la situación actual
económico mundial. M. Heidegger, sea cual fuere su lamentable compromiso o
posición política, criticó con razón a la modernidad mostrado que el ser humano
no puede partir ontológica o primeramente desde un mero ego cogito (yo pienso) cartesiano, ya
que esta presuposición de un yo que
piensa (como el yo que ama, o el que trabaja o el que espera) es
una de las posibles posiciones concretas del ser humano que ya siempre
presupone el «ser-en-e!-mundo»]
cotidiano. En efecto, el ser humano, por la constitución del complejo sistema
memorativo del cerebro, enfrenta los objetos cotidianos interpretándolos, amándolos,
modificándolos desde el horizonte de la totalidad
de sus experiencias pasada.[14] Esa totalidad de sentido que antecede a todo
ente que nos enfrenta lo hemos denominado «mundo», que en nuestra Filosofía de la Liberación lo
distinguimos de «cosmos».[15]
[3.72]
Ese «mundo» cotidiano de cada ser humano, de su comunidad y
en definitiva de la humanidad presente (como historia mundial) es infinitamente
complejo. El ser humano, para poder manejarse dentro de él realiza procesos de
abstracción; es decir, efectúa como cortes
epistemológicos para poder simplificar su manejo. Se habla así de: «El mundo de
mi hogar»; «el mundo del deporte»; «el mundo obrero». En esos ejemplos el mundo
cobra un sentido particular. Esos mundos particulares lo llamaremos «campos».
Un campo es por su parte, como el mundo, una totalidad particular de sentido,
con un «juego de lenguaje» propio (diría el segundo Wittgensteín), con
instrumentos materiales propios, con actores especializados en moverse en dicha
totalidad de sentido. El sistema nervioso, nuestro cerebro, forma mapas de
millones de grupos neuronales que se activan cuando se toca un tema de ese campo. Decimos «política» y de inmediato
aparecen imágenes tales como presidentes, diputados, urnas, propaganda de representantes,
etc. Esa «asociación de ideas» de los empiristas ingleses se referían al
fenómeno material de la ligazón de los mapas neuronales en campos. Y bien,
cuando indicamos una cuestión económica, la situamos inevitablemente en un
«campo económico», como la totalidad de sentido de todo lo que se relaciona a
este significado, y donde cada momento (por ejemplo el «dinero») cobra un
lugar, un sentido, o queda relacionado a la respectividad de la totalidad de lo
económico. Hablaremos entonces con precisión de un «campo económico».[16]
[3.73| Pero, además, el campo
económico se encuentra institucionalizado u organizado por diversos
«sistemas». El concepto de «sistema» es más abstracto que el de campo, y éste
que el de mundo.[17] El campo económico (que es
uno) se institucionaliza según múltiples sistemas, que pueden coexistir o no
en el espacio y en el tiempo. De hecho nunca hubo un solo sistema económico en
el Planeta, aunque el fenómeno de la globalización lo está intentando por
primera vez en la historia (pero todavía no lo ha logrado, subsistiendo cada
vez más abrumados por la extinción otros sistemas económicos, como amplias
regiones del África, del Asia, del Amazonas o, por ejemplo, entre los Mapuches
de Chile o los Aymaras de Bolivia). Un sistema1
es una totalidad de sentido, con estructuras instrumentales e institucionales
relaciones prácticas o sociales, que define y funda sus momentos funcionales
organizán- dolos por la división heterogénea del trabajo con unidad ideológica,
ya que responden a un criterio esencial. En el campo económico pueden entonces
coexistir un sistema de
auto-producción y auto-consumo de un clan en Nigeria con un sistema capitalista que sea dominante en
el territorio de este Estado.
[3.8]
Los sistemas económicos equivaienciales
[3.81]
Históricamente en los
sistemas económicos comunitarios,
tales como el de los clanes, las tribus o los pueblos originarios en América
Latina, África o India, antes de la revolución urbana neolítica (con su
dominación tributaria de campesinos), o de las invasiones de los pueblos que
domesticaron el caballo y usaron las armas de hierro (que generalizaron la
esclavitud), el que trabajaba era el que gestionad excedente del sistema,
sujetos del patrimonio común, del uso y del consumo: forman una comunidad
igualitaria de productores. Deseamos indicar este punto de partida económico para
poder comprender la desviación de estos modelos íntimamente ligados a un
equilibrio ecológico y económico, para poder compararlos a los que se
organicen posteriormente. El excedente
gestionado en común]
en vista de la producción, reproducción y crecimiento de la vida de la
comunidad, usando instrumentos ecológicos como criterio técnico-productivo, y
la igualdad y participación como principios comunitarios pueden ser retenidos
hoy como parámetros prácticos de validez universal, material y formal, aunque
estuvieran situados dentro de determinaciones propias de tiempos juveniles de
la humanidad.
[3.82]
Nada era perfecto,
perfección imposible que es el límite que supera la condición humana, y por
ello ninguna justicia o equivalencia puede tampoco ser perfecta, pero podía en
aquellos tiempos originarios haber un cierto equilibrio que el desarrollo
posterior perderá y que irá acrecentando, junto al progreso cuantitativo y
tecnológico, la dominación de una minoría (el 1%) sobre sus semejantes (el
99%), opresión que lentamente se acerca a una frontera que la humanidad está
traspasando y que es el umbral entre la sobrevivencia y el suicidio colectivo.
Hubo un momento, un inicio epocal en el tiempo histórico pasado en el que se
fueron originando sistemas económicos no-equivalenciales,
que comenzaron un aumento progresivo de la opresión y de la distancia que se
ha tomado demencial como diferencia abismal del usufructo de los excedentes
producidos por toda la humanidad y gestionados con propiedad privada por una oligarquía
cada vez más peligrosamente narcisista e insensible al dolor de las mayorías
condenadas a una pobreza y a una muerte inevitable.
[3.83)
De todas manera, aún el sistema equivalencial con mínima
presencia de dominación del ser humano sobre otros seres humano no puede evitar
de aumentar sistémicamente la función negativa entrópica que, al desarrollar
los instrumentos, la organización, la ocupación geográfica de la comunidad, va
transformando cualitativamente más materia y energía en residuos inútiles, que
se acumularán crecientemente.
[1] Hemos tratado la
cuestión en Dussel, 1980; e igualmente Dussel, 1977,3.3.
[2]
Véase en Dussel, 1977, 3.1.
[3]
Véase Dussel, 2007 y 2009.
[4] En el sentido que se dirige directamente a la reproducción de la vida y
que es el contenido de la acción (véase el sentido de lo material en
mi Ética de la
Liberación (Dussel, 1998, cap. 1).
[5]
Denominamos así en la Ética, nombrada en la anterior nota, aquellas relaciones interhumanas que son
modos
(es decir, maneras, formas) de relacionarse que se institucionalizan en
instituciones prácticas.
[6] Razeto, 1984, p. 22. Luis Razeto en su obra Economía de solidaridad y mercado
democrático intenta pensar el intercambio desde un
horizonte previo, la donación (cuya reflexión parte de la cita de Hegel, Reclttsphilosohie, § 80), aunque no advierte que la «donación» desde un derecho moderno
queda ya situado históricamente. El cían entre los pueblos amerindios está
fuera de ese horizonte, y el servicio que cada miembro cumple con la comunidad no considera al Otro como
beneficiario sino como simple participante de la totalidad com untaría del que
el donante forma parte íntegramente. Los francisanos en la Edad Media europea,
caso estudiado por G Agamben, deben, con Razeto, luchar contra un derecho que
tiene a la propiedad privada como horizonte, y donde el uso del bien puede
efectuarse sólo desde el fundamento de esa propiedad. Los franciscanos quieren
usar los bi enes (usufructuar e 1 valor de uso) sin afirmar ni ostentar ningún
derecho de propiedad: «Gracias a la doctrina del uso la vida francisana pudo afirmar sin reserva como esta existencia (de
pobreza voluntaria) que se sitúa fuera del
derecho, es decir que, para existir, debe renunciar
al derecho, y tal es ciertamente el legado con respecto al cual la modernidad
se manifestó incapaz de enfrentar, y que nuestro tiempo no pareciera tener la
posibilidad ni siquiera de pensar. ¿Qué seria una vidaJuera deIderecho si se define como una forma de
vida que usa las cosas sin jamás apropiárselas?»
(Agamben, 2011, pp. 194195). ¡ Este es el desafío!
[7] Todo
contrato estipulado de manera conciente y ex.pl íc ¡to en el tiempo (a la manera (.leí
descripto por J. Locke o A. Smith) está ya siempre precedido de una institución previa,
aúnen el Paleolítico, y qué decir en la civilización urbana del Neolítico desde
hace unos lOmil años. No existe ningún acto humano pre-comunitario,
pre-institucionaloprc- conlractual absolutamente (es decir, sin un cierto
contrato ya aceptado por todos aunque sea mítica e inconcientemente en las
tradiciones misútitiguas). El contractualismo de la cconomía moderna burguesa o de un J. Rawls es
una mera« robinsonada» ilusoria y nada científica.
[8]
«Material» en cuanto es lo producido por el trabajo o el contenido de
la satisfacción.
[9] Esta
«forma de aparición» (Erscheinungsform) es fenoménica (fenomenológica). tal como la entendía Marx. Es entonces
el valor mismo como fundamento esencial de una forma de
aparición.
[10] Los chinos fueron los primeros que imprimieron
papel moneda en función dineraria, siglos antes que en Occidente. Marco Polo no
sabía cómo describir en su Italia subdesarro- llada (al igual que Europa) ese
instrumento de pago cuyo valor efectivo intrínseco de cambio (un insignificante
pedazo de papel) era mucho menor al que certificaba representar.
[11]
¿Cuál es el Dios al que se refiere eUdnGod we trust» del dólar? ¿No será el
mismo dólar?
[12] Es decir, el oro costaba o debía obtenerse con 18 veces más de tiempo
de trabajo de los mineros que el que se utilizaba para obtener lo equivalente a
I unidad de plata.
[13]
Recuérdese que el «tiempo» es un movimiento o proceso que mide otro
proceso, teniendo como referencia de la aplicación de la medida a la misma
subjetividad humana (en la descripción aristotélica del tiempo). En nuestro
caso el proceso del trabajo mediría en su tiempo al proceso de constitución del
valor: cuando más dure el proceso de trabajo en constituiré! valor de una cosa
real, dicha cosa tiene más valor. Veremos la deducción ética de esta
descripción de fundamentación antropológica de la economía, como la de Marx. El
que parte del mercado, como en el caso de la economía capitalista, ya tiene
como punto de partida el valor objetivado, no pudiendo relacionar el valor y el
ser humano. Y en este caso, es el deseo del comprador el que constituye el
valor. Es una visión fetichista, abstracta, sin referencia al ser humano
llamado trabajador o productor.
[14] Esta expresión («/n-der-Weli-sein»; Heidegger, 1963, § 12, p. 52 ss) quiere corregir la posición de E.
Husserl que partía en su análisis de un yo intencional abstractamente descrito
como constituyente del sentido del objeto. Posición teórica o cogniti va en
definitiva. Heidegger quiere indicar que el ser humano (el Da-sein),
antes que situarse como un sujeto cognítívo («yopienso»
algo como objeto) es ya siempre un «ser-en-el-mundo» cotidiano, concreto,
existencia!. El mismo Husserl, influenciado por su sucesor, propondrá );i
categoría de Lebenswe!í(«mmóo de la vida» cotidiana), como corrección de sus análisis anteriores al
1927.
[15] Que
sería la totalidad de las cosas reales (que no puede identificarse con la totalidad
de las experiencias que del cosmos tiene el ser humano). Enelorden de la
realidad el cosmos es más que el m undo (cosmos no es igual a mundo); en el
orden existencial o de la experiencia de cada ser humano el mundo es más que el
cosmos en parte conocido e introducido en el propio mundo. Véase Dussel, 1977,2.2.3.
[16] Véase algo más sobre
el tema en Dussel, 2006; y en Dussel, 2009. Pierre Bourdieu ha trabajado el
concepto de «campo».
[17] De modo que podríamos
decir que: sistema <
campo < mundo. El signo <
quiere indicar que sistema es menos complejo que campo, porque es más
abstracto. Niklas Luhmann ( véase Dussel, 1998, § 3.3) ha
estudiado el concepto de «sistema» (Luhmann, 1991), y también
el sistema económico (Luhmann, 1988). Lo limitado, en el último caso, es que
comienza por el «precio» (Preis; pp. 13 ss) y el «mercado» (pp. 91 ss) no
advirtiendo que, como Hegel, queda atrapado desde el comienzo dentro de un
sistema histórico (el capitalismo).